lunes, 18 de mayo de 2026

Oxímoron

Estar contigo era sentir a medias: estar y no estar. Era el rapto de soñar con ángeles y despertar sin ellos. Me gustabas. ¡Diosa, cuánto me encantabas! Abrazarte y abrasarme con tu calor, hundir mi nariz en tu cuello y henchir mis venas de tu aroma. Mi piel blanca junto a tu piel canela: un claroscuro de Caravaggio vivo.

Eras.

Éramos.

Fuimos casi perfectos. Y cuánta mierda cabe en ese casi. Parece un recoveco minúsculo, como el espacio entre dos tablas de un piso abandonado que truena cuando caminas sobre él. Pero cuando eres nosotros, ese crujido casi imperceptible es un trueno.

Me dabas paz y ansiedad. Risa y llanto. Estabas… pero seguía sola.

Quise darte todo cuando ya no me quedaba nada.

Fuimos victoria y derrota.

 El antojo cumplido con un cabello en el plato. El sol en el parque con nuestros perros y que uno enfermara de muerte. El concierto esperado y el robo al salir.

Yo esperando planes; tú esperando espontaneidad.

Tu sonrisa —la que amaba—naciendo de rostros ajenos…

 Y soy una adulta. Lo sé. Sé que la vida sazona todo con una pizca de insatisfacción, de frustración. De restaurantes en los que pides una Coca-Cola y te traen una Pepsi diciendo que es lo mismo cuando  no lo es. Tampoco eras tú ni era yo. Fue la vida, el momento. El casi.

 ¿Pero sabes? Estar sin ti es peor.

¿Pero sabes? Aún te extraño.

¿Pero sabes? Lo volvería a repetir. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario