martes, 22 de noviembre de 2016

Lunes



Era lunes y arrastrada por torsos sin cara, me dirigía en automático al umbral que divide lo vivo de lo muerto. Sin importar hacia dónde girara la cabeza, todo era sombras y murmullos, pero el miedo ausente me recordaba que si me envolvían sombras, la oscuridad no se presentaba absoluta. El Aqueronte humano me empujaba con su corriente rumbo a la enorme reja sobre la que se leía: "Polvo eres y a ser polvo tornarás". Una vez que crucé al otro lado con todo y mi latiente corazón, me encontré con la fiesta que esperaba: flores, risas, tapetes de aserrín, licores, guitarras y música a la que cuerpos y ánimas bailaban por igual.

He de haber tenido alrededor de 12 años la última vez que estuve en un cementerio. Fui con mi familia a visitar a mi abuelo que acaba de morir. No había alegría ni música, tampoco copas encontrándose en un brindis. Sólo mi madre acompañando a mi padre, mi hermana y hermano, yo... y él. Sí, como dije, acaba de morir, así que aún no tenía lápida. Todo lo que me separaba de su cuerpo sin aliento era un montículo de tierra fina y café. Debajo de esa casi imperceptible montaña, se encontraba, pudriéndose poco a poco, el traje de huesos y piel que una semana atrás usaba aquél viejo que me dijo al oído mientras me abrazaba: "Hija, qué bueno que viniste despedirte de mí". Esa fue la primera y última vez que visité su tumba. A decir verdad, es la única tumba conocida a la que he ido. No he pasado por la de mis abuelas, otro abuelo, tío, primo, amigos, ni la de nadie muerto que en vida quise. Los pienso, le platico de ellos a Dios y sigo sintiendo por ellos, pero nunca he sido adepta a los ritos anuales post vida.

Era irónico, entonces, que me encontrara ahí, en lunes, rindiéndole respeto a muertos ajenos, cantando "Volveré" a todo pulmón frente a tumbas extranjeras y brindando por vidas desconocidas. Mientras mis ojos viajaban por doquier, estaban sedientos de usualidad. Algún punto en común con aquellas lápidas bajo mis pies: Me detuve entre ellas inmóvil, casi inherte mientras leía sus datos buscando mi nombre, mi apellido o mi fecha de cumpleaños... Como si en esa búsqueda de lo que fueron sus vidas, pudiera encontrar un poco de mi propia muerte.

1 comentario: