Era
lunes y arrastrada por torsos sin cara, me dirigía en automático al umbral que
divide lo vivo de lo muerto. Sin importar hacia dónde girara la cabeza, todo
era sombras y murmullos, pero el miedo ausente me recordaba que si me envolvían
sombras, la oscuridad no se presentaba absoluta. El Aqueronte humano me
empujaba con su corriente rumbo a la enorme reja sobre la que se leía:
"Polvo eres y a ser polvo tornarás". Una vez que crucé al otro lado
con todo y mi latiente corazón, me encontré con la fiesta que esperaba: flores,
risas, tapetes de aserrín, licores, guitarras y música a la que cuerpos y
ánimas bailaban por igual.
He de haber tenido alrededor de 12 años la última vez que estuve
en un cementerio. Fui con mi familia a visitar a mi abuelo que acaba de morir.
No había alegría ni música, tampoco copas encontrándose en un brindis. Sólo mi
madre acompañando a mi padre, mi hermana y hermano, yo... y él. Sí, como dije,
acaba de morir, así que aún no tenía lápida. Todo lo que me separaba de su
cuerpo sin aliento era un montículo de tierra fina y café. Debajo de esa casi
imperceptible montaña, se encontraba, pudriéndose poco a poco, el traje de
huesos y piel que una semana atrás usaba aquél viejo que me dijo al oído
mientras me abrazaba: "Hija, qué bueno que viniste despedirte de mí".
Esa fue la primera y última vez que visité su tumba. A decir verdad, es la
única tumba conocida a la que he ido. No he pasado por la de mis abuelas, otro
abuelo, tío, primo, amigos, ni la de nadie muerto que en vida quise. Los
pienso, le platico de ellos a Dios y sigo sintiendo por ellos, pero nunca he
sido adepta a los ritos anuales post vida.
Era irónico, entonces, que me encontrara ahí, en lunes,
rindiéndole respeto a muertos ajenos, cantando "Volveré" a todo
pulmón frente a tumbas extranjeras y brindando por vidas desconocidas. Mientras
mis ojos viajaban por doquier, estaban sedientos de usualidad. Algún punto en común
con aquellas lápidas bajo mis pies: Me detuve entre ellas inmóvil, casi inherte
mientras leía sus datos buscando mi nombre, mi apellido o mi fecha de cumpleaños...
Como si en esa búsqueda de lo que fueron sus vidas, pudiera encontrar un poco
de mi propia muerte.

!! !!!
ResponderEliminarMe encanta.